







Como si dos Mundiales o cuatro Europeos previos no fueran suficientes, la selección española de fútbol sala volvió a erigirse en la reina del continente por quinta vez tras imponerse en la final del torneo a una voluntariosa Portugal por 4 a 2. La ambición y la sed de gloria infinita fue más poderosa que la ilusión por tumbar al poderoso. Se trata de un nuevo éxito, el enésimo de un grupo que mostró sus mejores armas sobre el oscuro parqué húngaro de Debrecen para coronar la exhibición que ha llevado a cabo de principio a fin del torneo y reivindicar su lugar habitual en el olimpo del deporte nacional. Que aunque ya sea costumbre y casi un tópico reseñarlo, fue el de España un trabajo bien hecho como casi siempre en un terreno, el de la máxima exigencia, en el que viene lustros demostrando que se mueve mejor que nadie. Sólo así se podía neutralizar de salida a un equipo que salía con el cuchillo entre los dientes a disputar su primera final europea, motivado y con la rabia a flor de piel tras el precedente de la primera fase en el que salieron goleados (6-1). www.uefa.com
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